Interpretación judicial

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Taiwán de ayer y de hoy

El trabajo es sagrado, pero aquel que afecta a los derechos e intereses de otras personas debe llevarse a cabo con cierto respeto y admiración.

Peter Chen, quien ha trabajado como intérprete judicial durante 25 años, se ha convertido en todo un embajador de su profesión. El intérprete ha escrito dos libros basados en su experiencia profesional durante la colaboración con la policía de asuntos exteriores y, más tarde, con la Agencia Nacional de Inmigración. Su objetivo no es otro que defender el principio de igualdad ante la ley para todas las personas, conseguir que las partes presentes en un juicio disfruten de su “derecho a saber” y, mediante acuerdos internacionales sólidos, garantizar la integridad física del intérprete.

La ley hace hincapié en la lógica, pero la experiencia nos ofrece una visión aún más crítica. Para lograr que los encargados de aplicar la ley emitan juicios acertados, no solo se necesita una formación teórica, sino también un aprendizaje a través de la experiencia.¿Podría una medida que convirtiera al personal encargado de aplicar la ley en intérpretes (algo que resultaría sumamente práctico para los propios órganos judiciales) lograr que los verdaderos hechos de un proceso se transmitieran con imparcialidad?

El sistema judicial lucha para que los procedimientos sean justos y coherentes. Si se dan obstáculos lingüísticos para una de las partes, ¿qué justicia puede haber entonces? Es por esta razón que la interpretación judicial representa el punto de partida para brindar un trato justo a las partes que precisen un apoyo lingüístico durante el procedimiento.

La palabra “interpretación” significa expresar de nuevo la información hablada en un idioma que la otra parte conozca, de modo que ésta entienda lo que se está diciendo durante el juicio. Peter Chen afirma que: “ya la interpretación de por sí no es una tarea fácil de realizar, pero ser intérprete judicial es una profesión que requiere una formación aún más especializada”. No solo se necesita tener cierta fluidez en ambas lenguas, sino que también se precisa una comprensión total de la terminología jurídica pues, solo cuando se reúnan estas aptitudes, se estarán protegiendo los derechos humanos básicos de las partes.

En los últimos años, la población de Taiwán nacida en el extranjero ha ido en constante aumento. Da igual si se trata de un ciudadano extranjero a quien se le ha perjudicado y precisa del amparo de la ley para resarcir el daño causado o si se trata de un ciudadano extranjero cuyo comportamiento no ha sido el más adecuado y ha infringido la ley; en ambos casos, se necesita que los intérpretes protejan los derechos e intereses de los inmigrantes. Ésta es la razón por la que la formación sistemática de intérpretes cualificados se vuelve una labor tan urgente.

Durante los últimos 12 años, Chen ha recorrido de punta a punta la isla de Taiwán en tres ocasiones, ofreciendo más de 100 sesiones y charlas de formación, con la esperanza de construir un entorno judicial lingüísticamente justo. El segundo libro de Chen, titulado La interpretación judicial: el desarrollo y la formación de los intérpretes, además de exponer sus ideales, también incorpora técnicas e información prácticas sobre la evaluación de las aptitudes, con el fin de atraer a personas con una fuerte vocación al ámbito de la interpretación judicial y crear un entorno que respete la diversidad lingüística en el poder judicial. “Para poner buenas ideas en práctica, para que el mundo vea el esfuerzo con el que llevamos a cabo nuestra labor”; este es el objetivo final de la interpretación judicial según Peter Chen. 

 

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