Cambiar el mundo volviendo tus sueños realidad, café IMPCT

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Galería Cultural

Viernes por la noche, gran congestión en la avenida Yanji, en el distrito de Daan, Taipéi. Mientras tanto, la muy bien iluminada cafetería IMPCT, rebosa de actividad y se oyen alegres carcajadas.

Además de la venta de café, IMPCT tiene una visión macro: motivar a los consumidores a formar parte y contribuir con la fundación de centros de educación inicial en comunidades con un nivel socioeconómico bajo, a través de la compra de café o de sus granos. El nombre de la compañía refleja la aspiración de los fundadores, al omitir la letra “A” en la palabra en inglés “impact”, ellos ponen énfasis en que una persona es todo lo que se necesita para crear un impacto positivo en el mundo.

La historia comienza cuando el hondureño Juan Diego Prudot, conocido como JD, y Andrés Escobar, de El Salvador, se conocieron ambos siendo aún estudiantes en Taipéi, como parte del programa de becas del Fondo de Desarrollo y Cooperación Internacional (ICDF por sus siglas en inglés) del Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán.

“Todos aquellos que venían a estudiar una Maestría en Administración de Negocios tenían el objetivo de encontrar un buen trabajo con un salario alto”, dice JD en impecable mandarín. “Sin embargo, nosotros teníamos una motivación distinta. Fuimos más afortunados que la mayoría ya que tuvimos acceso a una educación superior gracias a las becas de Taiwán ICDF. Debido a ello, mis padres me motivaron para hacer lo posible por retribuir, ayudar a otros, darle a otras personas las mismas oportunidades que yo tuve.” Estos dos estudiantes internacionales, con el deseo de retribuir la ayuda recibida, se contactaron entonces con los estudiantes Taylor Scobbie, de Canadá y Chen An-nung, (nombre en chino陳安穠) de Taiwán para iniciar con su proyecto

En el año 2014 ingresaron en la Competencia del premio Hult. En abril de 2015 ellos también lanzaron un proyecto de financiamiento colectivo en la plataforma estadounidense indiegogo. A principios de setiembre de aquel mismo año, IMPCT había recaudado suficiente capital para construir su primer centro de educación inicial en El Salvador. Al final de aquel mes, ellos viajaron a Nueva York para competir en la final del premio Hult, presentando su proyecto a un panel de jurados que incluían al ganador del premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus y a la antigua primera ministra australiana, Julia Gillard. Al final, ellos obtuvieron el primer lugar de la competencia y, con ello, recibieron un capital de emprendimiento de un millón de dólares, otorgado por el ex presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton.

IMPCT dirige 30% de sus ganancias de la venta de café a la construcción de centros de educación inicial en comunidades de bajos recursos y en fábricas. El equipo cree que este modelo va más allá del concepto de “comercio justo” a un “comercio de impacto”.

Pero este no es el fin de las ambiciones que los cuatro fundadores tienen para la marca IMPCT. JD espera que en el plazo de cinco años, IMPCT sea la versión de Starbucks orientada socialmente. Escobar desea construir más guarderías en El Salvador. Scobbie tiene por objetivo que IMPCT esté a la par con la compañía estadounidense Blue Bottle Coffee y sea el Apple del mundo del café. Y Chen busca que IMPCT se transforme en una plataforma para empresas sociales y, además, casarse, dice riéndose.

Impulsados por su creatividad y sus sueños, estos cuatro emprendedores han logrado no sólo crear una fuente de ingresos, al mismo tiempo, ayudan a otros a través de la educación y contribuyen a resolver un problema social. ¿Qué clase de trabajo podría ser más atractivo y gratificante que aquel?

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