La generación individualista: una nueva revolución pragmática

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Aquellas personas nacidas en o luego del año 1990 hasta el año 2001 han crecido a la par con la masificación de revolucionarias aplicaciones en los campos de la ciencia y las telecomunicaciones. Ya que mientras cursaban la educación inicial ya era posible navegar por internet, es acertado considerarlos la primera generación “aborigen digital”. Desde la perspectiva de la economía taiwanesa, estos jóvenes tienen la carga de que, concluida su educación formal, reciban un sueldo mínimo de 700 dólares, por ello también se les conoce colectivamente como “la generación deprimida” o la “generación empobrecida”. Otras etiquetas despectivas utilizadas para referirse a este grupo poblacional son “generación pesimista” y “generación de perdedores”.

Esta es la generación con mayor cantidad de etiquetas asignadas, sin embargo, ¿cuál es, a fin de cuentas, la verdadera naturaleza de este grupo demográfico? Para poder comprenderlos mejor, el primer paso es borrar de nuestra mente todos los estereotipos y sobrenombres colectivos que les hemos dado. De acuerdo a estadísticas, en Taiwán son 3 millones 740 mil los ciudadanos entre 18 y 29 años de edad. Conforman el 16% de la población taiwanesa.

Desde el punto de vista de obtención y almacenaje de información, los jóvenes hoy en día pueden ser llamados “la generación internet en línea”. El profesor del departamento de sociología de la Universidad Dongwu, Liu Weigong, explica que el progreso de la ciencia y tecnología influye en lo que cada generación considera son valores y virtudes deseables. Por ejemplo, en 1960 se dependía de la copia de casetes para almacenar información, en 1980 apareció el disquete para uso empresarial y el concepto de “descargar información”. Sin embargo, las generaciones más jóvenes pueden obtener la información que desean directamente de internet y almacenarla en La Nube. Por ejemplo, si se quiere escuchar una canción, no es necesario copiarla en un disquete, ni siquiera tienes que descargarla, únicamente ingresar a una plataforma en línea de contenido musical y ubicar el tema que se desea oír.

Desde el punto de vista de la “generación individualista”, esta es una época de multiplicidad de alternativas, por ejemplo, no se requiere eliminar o almacenar información, simplemente acceder a ella en internet. Por eso, para muchos adultos, lo que parece una cuestión de elección entre un número limitado de alternativas, para la “generación individualista” es más bien una pregunta abierta.

A pesar de su corta edad, los miembros de la “generación individualista” han atravesado por muchas reformas sistémicas en el sistema educativo, anteriormente un curso tenía un solo libro de texto asignado, pero hoy hay una gran cantidad de material de referencia recomendado y las clases no se adhieren necesariamente a un único libro de texto; además, se han establecido diversos métodos de ingreso a la universidad; se anuló el reglamento que uniformizaba los cortes de cabello y se retiró la figura del tutor de conducta con formación militar asignado a todas las escuelas.

“Los jóvenes no son tan inocentes como creemos, su sentido de la practicidad es muy fuerte. Ellos comprenden las dificultades que les presenta esta nueva época, por ello, ¡toman cada decisión con mucho cuidado!,” explica la directora de la Fundación Stans, Li Duheng, quien a menudo realiza estudios generacionales. Este año ya ha publicado un reporte que analiza al sector poblacional entre los 18 y 40 años llamados “La generación extraviada”. El estudio revela que tendencia cuidadosa y pragmática característica de este grupo es especialmente notable en el subgrupo con edades entre los 25 y 29 años.

En el área de marketing y consumo, la “generación individualista” también está reescribiendo las reglas de juego. “Hoy en día, lo que los jóvenes compran no es el artículo en sí, sino la “identidad” que representa”, dice Li Duheng, quien se ha percatado que, además de la funcionabilidad, lo que las generaciones mayores buscaban en los productos que compraban era su prestigio y el beneficio en su propia escala social que la posesión de aquel artículo les brindaba. Sin embargo, las nuevas generaciones de consumidores buscan otro tipo de valor agregado y no les atraen especialmente las marcas prestigiosas, por el contrario, realizan grandes esfuerzos por comparar precios.

 

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