Mujeres abriendo camino

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Taiwán de ayer y de hoy

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Mujeres en profesiones dominadas por los hombres nos hablan sobre sus vidas, sus carreras y sobre el progreso de Taiwán hacia la igualdad de género.

La arqueóloga Chiang Chih-hua:

Cuando estaba en mi primer año de bachillerato, me interesaba explorar diferentes culturas y cómo se forman las sociedades, así que me uní a un club donde discutíamos este tipo de cosas. Los libros de texto me parecían aburridos, así que realmente disfruté de esta actividad extracurricular. Después de graduarme de la Universidad Nacional Chengchi de Taipei en 1997, donde estudié etnología, comencé a trabajar como asistente en el Instituto de Historia y Filología de la Academia Sínica (la institución de investigación más importante de Taiwán). Tuve una experiencia tan buena allí que decidí convertirme en arqueóloga.

En la Academia Sínica, fui enviada a Yilan durante seis meses en 1998. Intentábamos evitar que los artefactos del sitio arqueológico de Wanshan fueran destruidos por un proyecto de desarrollo. Crecí en Taipei, así que fue toda una experiencia para mí pasar un período tan prolongado en una zona rural. Mi tiempo allí me hizo estar aún más decidida en mi objetivo de ser arqueóloga, así que estudié una maestría y luego un doctorado en antropología en la Universidad de California, en Berkeley. Hice mi doctorado sobre la excavación de Wanshan y las comunidades neolíticas en Taiwán.

Tal vez sea por mi género que me interesé en la arqueología feminista. Todo comenzó cuando yo era una estudiante en Berkeley. Hay muchas arqueólogas feministas allí porque las mujeres superan a los hombres como profesoras en el departamento de antropología.

La arquitecta Hsu Li-yu:

¿Por qué elegí la arquitectura? La mayoría de las personas que me conocen esperaban que estudiara bellas artes porque he sido muy buena dibujando desde que era niña. En mi primer año de bachillerato, tomé clases para aprender las habilidades necesarias para entrar en el departamento de bellas artes de la Universidad Nacional Normal de Taiwán en Taipei, una de las mejores escuelas en este campo. En aquel entonces, la mayoría de las personas que estudiaban allí terminaban dedicándose a la enseñanza, una carrera estable que todos pensaban que era perfecta para una mujer.

Pero realmente no me gustaron nada esas lecciones. Todavía recuerdo claramente un sábado por la tarde. Mis instructores me habían corregido repetidamente porque no había seguido sus estrictas reglas. Reglas que aseguraban que obtendría altas puntuaciones en los exámenes. Estaba tan frustrada. Me sentí especialmente cansada y perdida ese día después de terminar la clase.  La luz solar salpicaba la acera y yo me preguntaba: ¿por qué debería desperdiciar mi vida en algo que no me apasiona en absoluto? Así que decidí que iba a renunciar a las bellas artes y estudiar arquitectura en su lugar. Una pintura solo puede ser apreciada por la persona que la posee, mientras que un buen diseño arquitectónico puede mejorar la vida de muchos.

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