Hsu Mao-sung, una vida dedicada a los cómics

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Galería Cultural

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“Desde que recuerdo, mi padre ha dibujado cómics”. Para sus hijos, Hsu Mao-sung mismo se asemeja a un personaje de caricatura. Misterioso y apartado, dedicando más de 12 horas al día trabajando en sus publicaciones. “Nuestra madre siempre fue quien resolvía los asuntos de la casa”, comentan sus hijos. Concentrado en su arte con una pasión inagotable e inquebrantable tenacidad, Hsu ha sido un modelo de disciplina para sus hijos.

Nacido en 1937, en lo que es ahora el distrito de Qiaotou en la ciudad de Kaohsiung, Hsu Mao-sung comenzó su carrera como ilustrador poco después de cumplidos los 20 años de edad y, a lo largo de su carrera, se ha vuelto el paradigma del verdadero artista gráfico de cómics. Se ha convertido en una leyenda viva de esta industria.

Los trabajos de Hsu se inspiran en relatos de la mitología china, mezclándolos con elementos de mitología occidental, para crear personajes con inmensos poderes místicos. En la era antes del internet, los fanáticos de los cómics quedaban ensimismados en los vibrantes mundos que Hsu creaba.

A inicios de la década de los 80, él estableció los Estudios Songshan, trabajando con sus estudiantes Shang Guanping, Qiu Yue, Xie Tian y Yang Zhenyu. El mercado de los cómics era grande en aquella época, así que ellos trabajaban día y noche. Durante aquel periodo, prácticamente todos los libros de historietas e ilustraciones que se vendían a través de la empresa editora Yisheng Books eran producidos por los Estudios Songshan.

Hsu Mao-sung solo pudo disfrutar de un breve periodo en la cúspide en la época en que la industria del cómic se encontraba en auge. Con el obtuso objetivo de refrenar la degeneración social, el gobierno comenzó a realizar revisiones a los cómics, prácticamente atando las manos de los editores y dando un golpe letal en las carreras de todos aquellos relacionados a la industria.

Con la industria en periodo de depresión, muchas personas decidieron cambiar de profesión. “Dibujar es lo que amo y también sentía una ineludible responsabilidad para con mis aprendices,” dice Hsu, explicando que fueron aquellas dos razones por las cuales él perseveró en la industrial y continuó en su lucha.

Con ninguna tolerancia hacia los errores, Hsu desarrolló un buen ojo para los detalles y la persistencia para llegar al meollo de las cosas. Estas características pueden ser vistas claramente en sus obras, particularmente en “El pasado y presente de Tamsui” y en su obra maestra, “El Buda”. “Más de una década atrás, mi hija me comentó con tristeza que no había creado nada para ellos”, conmovido profundamente, Hsu dedicó los siguientes diez años en un trabajo a todo color para rectificar aquello. “Me tomó más de dos años tan solo hacer un repaso por las escrituras budistas y documentos relacionados,” dice él. Como devoto budista por casi medio siglo, él se dedicó por entero a completar esta noble tarea. Tan solo definir los miles de personajes que aparecerían en la obra fue una masiva y laboriosa tarea que se extendió por más de 700 páginas.

“El trazado de la obra “El Buda” es muy denso, por ello fue muy estresante tanto para mi visión como para mi mano. Tan solo podía completar una o dos páginas por día,” dice Hsu. Como resultado, Hsu tan solo pudo completar su obra tras una década de trabajo. Tanto tiempo sentado, encorvado trabajando en su obra resultaron en una lesión en su columna, pagando así un precio en su salud física para producir una obra maestra para la posteridad.

“Nunca tuve un maestro regular, simplemente fui bendecido por el cielo con este talento”. Los elogios para Hsu siguen llegando, pero ahora ya con más de 80 años de edad, él toma a los comentarios tanto positivos como negativos con gran ecuanimidad. “Aún tengo muchas ideas en mi cabeza, pero estos días mi cuerpo no responde tan bien como en el pasado”. Las manos temblorosas de Hsu ya no se encuentran aptas para la tarea de su intricado trazado lineal del pasado. Sin embargo, él se mantiene comprometido a la causa de ayudar a Taiwán a crear su propio estilo, el mismo compromiso que lo impulso a lo largo de su vida dedicada por entero a los cómics. El tiempo puede ocasionar estragos en el cuerpo, pero en espíritu, Hsu Mao-sung es tan infatigable como siempre.

 

 

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